Educación: ¿derecho o bien de consumo?

Autor(es): Tueros, Elsa

Año: 2015

Publicado en: Revista NOVAMÉRICA N° 145 pp. 36-40. Recuperado de http://www.novamerica.org.br/ong/?p=1238

Área académica: Formación y Desarrollo Profesional Docente

Pensar hoy la educación como un derecho en un mundo tan rico en recursos materiales como en saberes y experiencias, compuesto por sociedades más libres y dinámicas, y que al mismo tiempo es un mundo de extrema vulnerabilidad, nos conduce a ser cada vez más audaces para intentar darle a la educación el lugar que le corresponde en relación a los derechos y obligaciones fundamentales de la persona.

Es necesario recordar que hay, en nuestro mundo, un 20% de la población que sigue disfrutando del 85% de los bienes de toda clase, en contraste con un 80% de la población que no puede esperar un porvenir de seguridad, prosperidad y libertades públicas. En una sociedad planetaria en la que la inmensa mayoría de las mujeres se encuentra en situación de inferioridad social y laboral, y solo el 5% asume funciones de gobierno, y menos del 10% son parlamentarias, difícilmente se conseguirá mejorar la calidad de vida y controlar los flujos migratorios.

Un mundo, además, en donde hay 110 millones de niños no escolarizados y otros 100 millones que abandonan tempranamente la escuela, no puede aspirar a controlar el cambio climático del planeta y a consolidar la democracia.

Lo enunciado anteriormente no es novedad; estos son algunos de los grandes desafíos que en esta segunda década del siglo XXI enfrentan los países como los nuestros, para dar a los ciudadanos la calidad de vida que con justicia nos reclamamos. Todo ello nos conduce a reparar una vez más en el hecho de que la educación en nuestro mundo sigue en el centro de un gran debate.

No es el caso hacer una defensa descriptiva de cómo sigue siendo una urgencia el que la educación ocupe un lugar sustantivo en el desarrollo humano sostenible de las sociedades. A nadie le es ajeno que un pueblo educado avanza para lograr una mejor manera de vivir. Por eso al decir de Federico Mayor Zaragoza, la educación es la herramienta más poderosa de la democracia (Mayor Zaragoza, 1999), porque ella permite alcanzar la soberanía personal, la única y auténtica soberanía.

¿Qué hacer ante la situación de inequidad y exclusión y ante la necesidad de encontrar los medios para que todas las personas de nuestro mundo hagan uso de su derecho a la educación de calidad?

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