17/11/2022

«Mientras tengamos voz» nos representó a nivel internacional en el Festival Universitario de las Artes Escénicas UANL 2022 en México

«Mientras tengamos voz» es la obra que presentó nuestra Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas PUCP en el marco del Sétimo Festival Internacional Universitario de las Artes Escénicas UANL 2022, que se llevó a cabo del 3 al 8 de octubre de 2022, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León (México).

Es importante mencionar que la obra se volverá a presentar este viernes 25 de noviembre a mediodía en el tambo actoral.  El ingreso es libre para toda la comunidad PUCP  y tiene una duración aproximada de 50 minutos. Luego de la obra habrá un conversatorio sobre el tema que la misma aborda.

La pieza escénica es una creación colectiva dirigida por Katiuska Valencia, docente del Departamento Académico de Artes Escénicas y Directora de la carrera de Teatro en la Universidad, con la dramaturgia y dirección adjunta de la pre-docente Alejandra Vieira. Esta puesta teatral revisa desde distintos puntos de vista lo que significa ser mujer en nuestro país. 

Para construir la puesta en escena, la experiencia personal de cada actriz, y sus testimonios, dialogan con propuestas escénicas como el teatro físico, coral, documental y testimonial. La obra presenta un monólogo de la dramaturga Alejandra Vieira, que sirvió como punto de partida para la creación. También, utilizaron el poema “El Perú odia a las mujeres” de Aitana Moya.

Conversamos con Katiuska Valencia y Alejandra Vieira sobre esta presentación y los próximos proyectos de «Mientras tengamos voz».

¿Cómo fue el proceso de dirección de la obra?

Katiuska: Fueron dos monólogos que hablaban de la violencia hacia la mujer y con esa mirada empezamos a trabajar a partir de las historias de vida de cada una de las chicas. Se les proponía un tema y a través de preguntas como por ejemplo háblanos de tu infancia o quién eres tú, les pedíamos un texto que no sea muy largo y libre (poema, canción). Otro insumo fue la música de la cantautora peruana Laura Arroyo, ella escribió un álbum en pandemia de puros solos de piano y me pareció música muy teatral que podía servir en alguna pieza, entonces íbamos pidiendo a las chicas que realicen secuencias físicas con una de las canciones que traía el álbum. Alejandra estructuró desde la dramaturgia, a partir del insumo escrito que traían las chicas y las cosas físicas que aparecían en el espacio. Fue un proceso de tejido. 

Alejandra: Fuimos armando momentos. Por ejemplo, sobre el texto de cómo consideras que es tu relación con tu cuerpo se armó un momento, cómo crees tú que es ser mujer en el Perú, se armó otro momento. Entonces, al final le encontramos un lugar a cada uno de esos momentos, algunos los descartamos. Lo que nos ayudó a que el proceso de creación colectiva diera fruto pronto era el deadline, no teníamos tiempo para divagar.

Katiuska: Por ejemplo, la etapa de la exploración y vaciado de cosas duró tres semanas. A partir de la cuarta semana había que empezar a tejer, en el camino sucedieron algunas cosas: las chicas se enfermaron, algunas cosas pendientes pero Alejandra fue avanzando con la estructura. Fue bonito porque todo el material lo subimos a un drive, que iba permanentemente alimentándose con canciones, imágenes, video, libros y fotografías de casa.

Alejandra: El drive era ese espacio para que cualquiera si en algún momento se acordara de algo lo subiera. En el ensayo siempre se compartían cosas, sobre todo en las primeras semanas.

Katiuska: Otra de las cosas que determinó la línea de la dirección es que la edición del festival se llamaba «La escena y sus espacios convergentes». Entonces con esa mirada pensé que el lugar de creación debía ser uno donde podamos hablar desde distintos lenguajes, por eso trajimos la música, el dramaturgismo en la escena, lo testimonial, lo coral y el teatro físico. 

¿Cómo se realizó la primera escena de la obra?

Katiuska: Alejandra se hizo cargo de armar la primera escena a partir de improvisaciones físicas con la música. 

Alejandra: Fueron muchos ejercicios, uno de ellos era traer imágenes de colectivos de mujeres. Podía ser una foto de las señoras preparando la comida en la olla común, animales como una manada de leonas, brujas, hadas, trabajadoras, niñas, abuelas, entre otras. Generamos un banco de imágenes y a partir de eso improvisamos en el espacio con el cuerpo. Con todo eso, se realizó la primera escena de la obra.

¿Partieron de dos monólogos?

Alejandra: Sí, hay dos monólogos iniciales. Cuando me convocó Katiuska para este proyecto, ella tenía en mente el poema “El Perú odia a las mujeres” de Aitana Moyic, y yo le propuse un texto teatral que todavía no había hecho para que así las actrices puedan elegir con qué texto audicionar. Además, dejó claro para quiénes iban a participar de qué iba tratar la creación. A partir de eso uno de los monólogos quedó en la puesta.

Katiuska: Fue muy bonito porque no fue impuesto, entonces así como se desarrollaba la estructura de la obra era evidente que debía estar ese monólogo.

Alejandra: Fue porque también Katiuska propuso ese ejercicio de que las chicas traigan la primera vez que. En ese ejercicio una de las actrices menciona que la primera vez que escuchó sobre el asesinato de una mujer fue con el caso de Stephany Flores Ramírez, a ella lo asesinó un holandés en un hotel. Hay una escena dentro del monólogo que escribí que empieza con una chica que descubre que ha sido asesinada en un cuarto de hotel.

¿Cuántos se presentaron a la audición?

Katiuska: Se presentaron quince estudiantes, catorce mujeres y un hombre. Al final nos quedamos con cuatro del último ciclo de la Especialidad de Teatro, Maritza Díaz Allca, Andrea Félix Torres, Sol Nacarino Bardales y Kimberly Pérez Infante.

¿Cuáles fueron los desafíos que se presentaron?

Katiuska: Nosotras entregamos un cronograma de horarios y ensayos y una de las premisas para la audición era que los postulantes no tuvieran un curso de actuación pendiente porque son cursos muy demandantes y eso funcionó, pero las chicas están haciendo tesis, entonces se volvió muy difícil articular horarios. Hubo momentos en que de las cuatro, ensayamos tres, teníamos los tiempos muy cortos, otras se enfermaron. A nivel de organización ese fue un desafío importante y lo otro era que el fantasma del covid lo teníamos en la cabeza.

Alejandra: Creo que otro gran desafío fue cuando llegamos a México y tuvimos tres horas para montar. Porque eso es el marco de un festival universitario, la mayoría de piezas que habían llevado eran productos ya terminados. Nosotras hicimos una pieza especialmente para llevarla al festival.

Katiuska: En general, a pesar de todos los desafíos que se presentaron en el camino, las chicas estaban muy motivadas. La primera parte del proceso fue hermoso porque le pusieron mucho corazón, la segunda parte fue un poco más difícil porque todos empezábamos a estresarnos, ya que la fecha de estreno se acercaba. 

Alejandra: También fue un reto que nos cambiarán el día del estreno. Íbamos a estrenar un martes y lo pasaron al viernes. Eso hizo que nosotras tengamos que buscar espacios durante el festival para ensayar en las horas que se pudiera, fue muy demandante. Porque en las mañanas nosotras hacíamos teletrabajo y las actrices tenían talleres, después del almuerzo teníamos un par de horas para ensayar, en la tarde y noche se realizaban las obras y las mesas. 

¿Cómo les recibió el público en el Festival?

Katiuska: El trabajo fue muy bien recibido. La puesta trata sobre la violencia contra la mujer y de cómo se asume como debe ser ella en relación a su cuerpo y con las otras personas, se nos intenta permanentemente poner en lugares y la obra cuestiona eso. Una crítica muy bonita que nos hicieron allá fue que era un trabajo que no se enfoca en contar la historia de la mujer en lugar de víctima sino que era una mirada más fresca, desde un lugar donde lo estamos asumiendo y estamos haciendo algo para resolverlo.

Alejandra: Era también desde lo personal, creo que ese es mi sello como dramaturga. Porque una de mis líneas de investigación como artista siempre ha sido quién soy yo para hablar de ciertos temas. Siempre ha habido esta frase un poco pretenciosa “el teatro le da voz a los que no tienen voz”, creo que no es correcta esa mirada, porque tú no eres nadie para hacerte de la voz de los otros. Partir desde lo personal hace que el trabajo sea honesto y si bien puedes tocar temas relevantes que abarcan muchas otras cosas, el partir de tu relación con ese tema lo hace cercano y mucho más digerible. 

Katiuska: Claro, las actrices traían sus propias historias. Lo maravilloso del trabajo de Alejandra ha sido el poder recoger esas historias y no se ha perdido la voz de ellas. 

Alejandra: También creo que está nuestra voz. Desde el trabajo de la escritura puedes recoger lo real pero aquello real que nos es tan interesante tienes la oportunidad de ficcionar para que sea más interesante. Es una mezcla de relatos reales y cosas que han salido en el diálogo, eso es lo bonito del proceso, que se hizo una comunidad, un espacio cercano de confianza, donde todas empezamos a compartir un mismo imaginario y a raíz de eso es donde sale el texto. Lo bonito es que eso se leyó y eso fue lo que nos dijeron de la obra. Que había sido distinto pese a que es un tema bastante tocado y que no parecía haber sido un trabajo de seis semanas. También nos dieron algunos comentarios de puntos que nos gustaría seguir trabajando porque es una pieza que quisiéramos tenga más vida. 

¿Cómo fue su experiencia montando la obra dentro de la PUCP el 13 de octubre, después del festival?

Katiuska: Hubo una respuesta muy bonita. Es algo que nos da mucha alegría porque se nota que es un trabajo honesto y bien hecho. 

Coméntenme acerca de la nueva presentación de “Mientras Tengamos Voz” este 25 de noviembre dentro de la PUCP

Alejandra: Junto con el Departamento Académico de Comunicaciones estamos haciendo una serie de actividades en el marco del Día de la no violencia contra la mujer y una de las actividades que se realizará es la presentación de la obra seguido de una mesa de diálogo con la oficina de bienestar de la Facultad para hablar sobre este tema. 

¿Cómo describirían la obra en una sola frase al público para los que aún no la ven?

Katiuska: Es una obra que revisa nuestra condición de mujer en la voz de cuatro actrices jóvenes. 

Alejandra: Cuestionamiento sobre qué es ser mujer jóven hoy en Lima. Por supuesto que ser mujer hoy no es lo mismo que hace 20 años pero aún hay muchas cosas pendientes. 

¿Qué les dejó el Festival?

Katiuska: Ha sido una experiencia muy bonita. Desde mi parte estoy muy contenta de que con esta actividad haber dado inicio al regreso de los festivales de FARES. Me parece muy importante que nos sigamos moviendo, no solo en la Especialidad de Teatro sino que hemos logrado hacer conexiones con distintas universidades que tienen especialidades de Danza, Música. Es decir, conocemos otras especialidades donde creo que es posible seguir comunicándonos con ellos para que conozcan nuestro trabajo y nosotros poder conocer lo que hacen en otras universidades en los temas de Artes Escénicas. 

Alejandra: Eso también fue lo interesante del Festival, de encontrar que en otros países están con las mismas preocupaciones que acá sobre temas pedagógicos, en escena. Es bonito poder encontrarnos, compartir y darnos cuenta que todos estamos. 

Katiuska: Estos espacios son importantes tanto para profesores como estudiantes, nos permiten encontrarnos. Está bien que viajemos, que vengan y generar espacios para que este diálogo sea corpóreamente.

Alejandra: No todo es diálogo. Hay algo hermoso que pasa en el teatro, cuando todos están en la misma sala los latidos del corazón se sincronizan. Esas cosas no pasan por zoom.

Katiuska: Había en todos los colegas profesores del Festival, este hambre de salir y encontrarse. La invitación del festival llegó a fines de julio y lo que lograron fue increíble porque hubo muchísimos grupos, la mayoría de México, pero también de Costa Rica, Chile, España, entre otros. Hay un deseo después de que terminó la pandemia de empezar a movernos.