30/04/2018

¿Cómo la educación puede ayudar a combatir la corrupción y la crisis política?

Durante los últimos meses hemos sido testigos de un escenario de crisis política ocasionado por actos de corrupción de los más altos funcionarios públicos del país.  Esto ha ahondado la consiguiente preocupación de la ciudadanía por establecer maneras de prevenir y afrontar situaciones de corrupción. En ese sentido, el Dr. Martín Valdiviezo, profesor de nuestra unidad y consultor en temas de educación, ética e inclusión social, conversó con nosotros y precisó algunos puntos importantes en relación al papel que estaría jugando la educación. A continuación, compartimos la entrevista.

 

¿En qué medida el currículo nacional actualmente contempla los temas necesarios para comprender y hacer frente a la corrupción?

No los contempla. La corrupción ni siquiera es un tema que se aborde frontalmente en las escuelas y, sin duda, lo que está sucediendo en nuestras instituciones democráticas tiene un impacto muy grande en el sistema educativo, así como el sistema educativo también tiene una influencia a mediano y largo plazo sobre las instituciones democráticas. Evidentemente estamos en una crisis política muy grave porque se han roto los lazos de confianza y el sentido de autoridad que se requiere para que funcione una comunidad política. Sin embargo, esta crisis puede ser también una oportunidad para pensar qué tipo de educación estamos proponiendo como sociedad.

¿Cuál cree que podría ser este modelo?

En los últimos años se han impuesto nociones utilitaristas de la educación, más tendientes  hacia la formación de productores y consumidores eficientes, de personas tendientes hacia el éxito empresarial. Así, para este tipo de formación no se requiere mayor reflexión sobre temas de justicia social, bien común y solidaridad social, sino principalmente desarrollar una serie de habilidades y capacidades para ser individualmente competitivo, un “triunfador” en términos de rentabilidad. De hecho, muchos colegios ahora se promocionan de esa manera. He visto afiches en las calles que dicen “Educamos para el éxito” y tener éxito en un sistema con tantas desigualdades, que ya era un problema antes de que se propusieran estos modelos educativos, supone también desligarse de las preocupaciones éticas por el bien de nuestros semejantes.

¿Qué es lo que se necesitaría reforzar?

Si realmente queremos que la educación responda a lo que son nuestras necesidades como sociedad, necesitamos reforzar una educación en ciudadanía y derechos humanos que nos permita reconocer nuestra propia dignidad y la de los demás en su diversidad de géneros, colores de piel, culturas, idiomas, clase social, religiones y orígenes, y que, además, confronte sin temor a la corrupción.

¿Qué es lo que impide la realización de estos cambios?

La corrupción se alimenta de prácticas discriminatorias a nivel económico, cultural, lingüístico y de género. De alguna manera, todas estas prácticas de discriminación, enquistadas por la herencia colonial de nuestra sociedad, facilitan la corrupción porque ya la discriminación hace que disminuya nuestra capacidad de reconocer los iguales derechos de las otras personas. Desde esta visión precaria de los derechos ciudadanos, es más fácil atropellarlos a través de prácticas corruptas. Muchas veces, estos abusos sistemáticos obligan a los buenos ciudadanos a buscar vías equivocadas para obtener el reconocimiento de sus derechos a la salud, educación, justicia, trabajo, etc. En ese sentido, la corrupción y la discriminación se alimentan mutuamente. Así como afrontamos la corrupción, tenemos que afrontar la discriminación social.

¿Cómo se ven estas prácticas discriminatorias en lo cotidiano?

Uno las ve hasta en el tráfico. Los peatones tenemos derecho sobre los autos u otros medios de transporte, pero cedemos ante la ley de la fuerza porque sabemos que el otro nos puede atropellar. Lamentablemente, muchos peruanos crecemos viendo que quien tiene la autoridad o la fuerza suele ejercer la violencia para imponerse sobre los derechos de los otros. Se ha internalizado esto en nuestras propias creencias sociales hasta el punto de que hay una cultura cotidiana de la corrupción y del abuso. La forma como los peatones son tratados por los conductores es un buen ejemplo de esto. Hasta nos parece insensato que un peatón exija a los conductores que se respete su derecho preferencial cuando desea usar el crucero peatonal.

¿Cómo manejan estos temas otras culturas donde el índice de corrupción es mucho menor?

En general son países donde la educación es mayoritariamente pública. Normalmente vas a encontrar que los hijos de los empresarios y de los obreros van a las mismas escuelas, y esto impone, de cierta manera, un imperativo de calidad en la gestión de la educación pública. Para que esta sea así, promueven vocaciones educativas dentro de los estudiantes más calificados. En ese sentido, parte de este estimulo tiene que ver también con expectativas salariales, laborales y todo un sistema que se centra en mejorar los servicios educativos. Son países donde posiblemente su organización social sea una especie de fusión de ciertos aspectos socialistas y capitalistas. Entonces, mientras otros ámbitos de la vida social quedan sujetos a libre mercado, temas de educación y salud se manejan de manera pública porque son derechos que se consideran que no pueden estar condicionados a la capacidad adquisitiva de las personas.

¿Entonces esta unión de clases sociales a través de la educación y el énfasis en la educación pública podrían ser clave?

Así es, porque además están promoviendo una sociedad integrada en sus diferentes aspectos. Creo que, por el contrario, en nuestro país fomentamos una ideología neoliberal que elogia o promueve las privatizaciones en las aspiraciones de las personas y todos los sentidos de la vida. Exaltamos todo un sistema de creencias que coloca lo individual y lo privado muy por encima de lo público y del bien común. Así, por ejemplo, lo público está tan estigmatizado que se ha convertido en sinónimo de baja calidad. Yo diría que hemos llegado a una especie de fundamentalismo neoliberal que alimenta también el nivel de corrupción que existe en las autoridades del país, pues la persona corrupta coloca sus intereses privados por encima del bien de la ciudadanía. Todo eso es parte de una construcción social que me parece que tenemos que deconstruir.

Quizá, entonces, un factor importante estaría también en la formación de las nuevas generaciones y la posibilidad de creación de políticas que contemplen esos aspectos. Sin embargo, viendo resultados como los de ICCS 2016, el interés de los escolares en la participación política es, más bien, bajo. ¿Cómo podría revertirse esta situación?

Puede revertirse si los estudiantes son empoderados y las escuelas les permiten realmente participar, tomar decisiones y contribuir al desarrollo de las mismas. Yo he trabajado en un colegio supuestamente muy democrático y cuando los estudiantes pidieron que se mejoren los servicios de la cafetería mediante una protesta pacífica, el colegio los reprimió y los amenazó con afectar sus notas. Entonces, muchas veces los colegios ofrecen una educación supuestamente democrática de manera dictatorial, con lo cual desalientan a los estudiantes a participar dentro de sus propios colegios. De alguna manera, eso reduce las expectativas políticas que podrían tener a futuro. Yo creo que aquí hay que cambiar una educación entendida como una especie de control social por una que promueva el desarrollo de vocaciones y capacidades, que considero sería una mejor contribución como escuela. Los mecanismos de represión terminan frustrando los deseos de estar en la escuela y haciéndola ver como un lugar opresivo donde lo que se está formando es gente que obedezca. Ahora, los padres de familia también tienen responsabilidad porque muchos creen que una escuela es buena si los alumnos van uniformados, paporretean lo que los profesores dicen y obedecen. Somos una sociedad con temor a la libertad y por eso estas prácticas persisten.

¿Cómo se podría ayudar desde casa?

Aquí, como diría Paulo Freire, lo importante es el diálogo. Ahora, ¿existe la práctica y la costumbre del diálogo en las casas? Justamente las escuelas son dictatoriales porque muchas de las familias en el Perú siguen teniendo prácticas dictatoriales como modo de crianza de sus hijos. Al hijo o hija se le dan órdenes, a veces gritando y usando términos peyorativos, pero con ellos no se conversa. Tiene que haber un diálogo que le permita al padre entender cuáles son las experiencias que está viviendo su hijo o hija, y a estos entender cuáles son las que está viviendo y vivió su padre cuando tenía su edad. Así, a partir de esos diálogos ir orientando nuestras aspiraciones y búsquedas en términos más humanos y de un mayor reconocimiento de nuestra dignidad y la de otras personas. Lamentablemente no es lo que pasa y se ve incluso en el tema vocacional donde muchos estudiantes sienten que deben seguir los mandatos de sus familias antes que sus propios sueños.

¿De qué manera las escuelas podrían alentar este diálogo?

Esa sería una escuela con un enfoque más humanista. Sin embargo, mientras tengamos escuelas con enfoques neoliberales esto no va a funcionar porque parte del diálogo sería examinar si muchas de las exigencias de esta educación para el éxito tienen un sentido ético o no. Esto supondría un cambio en la visión misma de la educación y el sistema.

¿Sería necesario, entonces, un cambio en el currículo también?

Definitivamente. Es más, el cambio sería también en el entrenamiento de los profesores ya que muchas veces reproducen en las aulas estas formas de dominación social y ejercen su poder dentro de las aulas de una manera vertical. Ese mismo poder se podría utilizar de una manera democrática permitiendo que todos desarrollen su voz y puedan aprender de los demás, incluido el propio profesor, pero eso corresponde más bien a un enfoque pedagógico crítico, no a un modelo de educación neoliberal. Estos cambios no se están dando en los colegios actualmente, incluso no se dan en las mismas universidades. Creo que estamos todavía demasiado obnubilados por estos imperativos del éxito económico que perdemos de vista el sentido de las cosas e invertimos su valor.

¿Qué mensaje podría darle a un padre frente a la preocupación del futuro de sus hijos con respecto al panorama político actual?

Creo que lo principal es desarrollar una relación humana con nuestros hijos y eso supone que como padres estemos dispuestos a transformarnos y a respetar los proyectos de vida de nuestras hijas e hijos. Por otro lado, sé que muchos padres tienen que afrontar enormes desafíos para poder proteger a sus familias, pero creo que, en medio de las circunstancias actuales, a lo que no podemos renunciar es a nuestra dignidad. Esta es la mayor herencia y enseñanza que puede dar un padre a su hijo o hija. Esto sin duda será la mayor inspiración de su vida. Sin embargo, un hijo o hija que ve que sus progenitores transan con la corrupción y venden su dignidad, aunque sea para pagarle la educación, van a crecer con un sentido moral dudoso y una autoestima disminuida.