20/08/2018

La Dra. Elena Valdiviezo fue condecorada con las Palmas Magisteriales 2018 en grado de Amauta

Fuente: Punto Edu

La Dra. Elena Valdiviezo, profesora principal de nuestra unidad, fue condecorada con las Palmas Magisteriales 2018 en grado de Amauta. Este reconocimiento es otorgado anualmente por el Ministerio de Educación a los maestros, maestras u otros profesionales que con su trabajo han contribuido, a nivel nacional, al desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura de nuestro país. A la ceremonia de condecoración, celebrada el 15 de agosto, asistieron el presidente de la República, Martín Vizcarra; el ministro de Educación, Daniel Alfaro; la viceministra de Gestión Pedagógica del MINEDU, Susana Helfer; entre otras autoridades. A continuación, compartimos la entrevista a la Dra. Valdiviezo.

¿Cómo empezó su inclinación por la educación?

Cuando entré a la universidad, lo que quería e hice era estudiar Filosofía. Luego, se abrió la especialidad de Psicología y estudié Psicología. El problema es que era una psicología clínica y por ello no me gustaba mucho y, aunque terminé los estudios, no me gradué. Lo que me gustó fue la psicología infantil. Entonces, decidí que mejor estudiaba Educación y entré a la Facultad de Educación. En ese momento en la Facultad sólo había la especialidad de Educación Secundaría.

Ahora, me parece interesante recordar que, cuando recién ingresábamos a la universidad, el Padre Felipe Mc Gregor nos hacía leer, analizar y comentar el libro de Aristóteles “Ética a Nicómaco”, donde se plantea que todo ser humano busca la felicidad, pero entendida no como el simple disfrutar de los placeres de la vida, sino como la satisfacción de obrar bien, de actuar éticamente, que era en lo que él insistía mucho con los ingresantes. Asimismo, recuerdo que, en la Facultad de Educación, el Dr. Orlando Figueroa nos hacía leer “Del Yo al Nosotros” de Fritz Künkel, quien resaltaba la idea de la libertad y creatividad de la persona para determinar sus fines y objetivos, para transformar el mundo. Él sostenía que el desarrollo nos debe llevar a salir del yo para acercarnos al otro, construir el nosotros, el sentimiento de comunidad, dando más importancia al nosotros que al yo (el bien común de Santo Tomás).

¿Cómo se inició en la educación infantil?

Emilia Barcia Boniffatti, la fundadora de los Jardines de la Infancia, desarrollaba desde el Instituto de Educación Infantil cursos por la noche, para profesoras de primaria que querían ser profesoras de inicial.  La esposa del que fue mi profesor de Psicología del Niño, el Dr. Emilio Majluf, me pidió que la reemplazara porque ella tenía hijos muy pequeños. Acepté con mucho gusto porque el tema me interesaba. Allí me conecté con Emilia, su equipo y con la educación infantil. Incluso, por ello, cuando me tocó hacer mi tesis para el título de profesora, a pesar de haber estudiado Educación Secundaria en la Facultad, solicité hacerla sobre el Currículo de formación docente en Educación Prescolar y me lo aceptaron sin objeciones.

Luego, en los años 70 trabajé en la Reforma Educativa en el Ministerio de Educación y, simultáneamente, en el Comité de Orientación y Bienestar del Educando, con el representante de UNESCO Pío Rodríguez, y también como especialista en desarrollo infantil en la Dirección de Educación Inicial, con Marina Melo, la primera directora. Elaboramos el Primer currículo de Educación Inicial, denominación que sustituyó a Educación Pre-escolar, pues era educación desde el inicio de la vida y no solamente preparación para la escuela. Allí estuve varios años acumulando experiencia de capacitación docente  a nivel nacional. Al salir Marina, pasé a la Supervisión Nacional en la que tuve la oportunidad de conocer casi todo el Perú. Luego, me nombraron Directora del Instituto Pedagógico de Educación Inicial en el que estuve hasta el año 1979.

¿Cómo se reencontró con la PUCP?

En el año 79, la Dra. Adriana Flores de Saco era decana de la Facultad de Educación, pero los alumnos de Educación Secundaria disminuían cada vez más. En esa época ya había empezado la Reforma educativa de los 70 con el énfasis que se le dio a la educación infantil y  la Dra. Adriana decidió  abrir las  especialidades  de Inicial y Primaria.  Ella había sido mi profesora en el colegio y convocó para que organizáramos las nuevas especialidades de Primaria e Inicial, a la Dra. Elsa Tueros, directora del Instituto de Formación Magisterial de las Teresianas y a mí, que estaba en ese entonces como Directora del Instituto Pedagógico de Educación Inicial. Estuve varios años como coordinadora de la especialidad y en ese tiempo tuvimos varias promociones de alumnas excelentes y un gran trabajo en los primeros Seminarios de Análisis de Perspectivas de la Educación en el Perú.

Luego, recibí la invitación del Ministro de Educación Grover Pango, para ser Directora Nacional de Educación Inicial y Especial, en el Ministerio. Allí hicimos el primer Plan Estratégico de Educación Inicial y el currículo basado en Piaget, cosa que me encantó porque a mí me interesaba mucho Piaget y quería que las profesoras trabajaran sobre esa base teórica. Lo difundimos, capacitamos a las profesoras y recibí mucha ayuda. Varios profesores de aquí me ayudaron en esas capacitaciones: Raúl Lerner, Ethel Ghersi, Otilia Loayza y otros.

¿Cuál fue el siguiente paso?

A sugerencia de Alegría Majluf, me conecté con la fundación de investigaciones High Scope del Dr. David P. Weikart. Él hizo uno de los primeros estudios longitudinales, el más largo, donde comparó durante 27 años la trayectoria de un grupo que había recibido un programa de educación prescolar de esa institución con un grupo control. Los resultados mostraron que el primer grupo tuvo mejores logros en primaria y secundaria y, más tarde, como adultos: éxito como profesionales, hogares estables, participación constante en la vida cívica y un menor nivel de delincuencia. Esta investigación marcó un hito y a partir de allí se empezaron a hacer más investigaciones longitudinales y a interesarse más por la educación infantil. Después de ello, mi siguiente paso fue cuando regresé al Ministerio de Educación como directora.

¿Volvió a contactarse con la fundación High Scope?

Estando en la Universidad, con el apoyo total de la Dra. Adriana,  convoqué  al Dr. Weikart y con ellos hicimos un proyecto. Vino un grupo de asesores e hicimos capacitaciones para los programas no escolarizados de educación inicial en Villa el Salvador y Ventanilla. Anteriormente había trabajado en la reforma con Ramón León, creador de los programas no escolarizados. El me invitó a Puno para capacitar en la teoría de Piaget a las promotoras y a los docentes coordinadores. Allí vi la pobreza de las comunidades y familias de la zona andina, pero un gran deseo de las y los profesores por mejorar. Trabajamos con mucho entusiasmo y aprendimos a hacer materiales de capacitación con el equipo de High Scope. Estuvieron en el inicio: Carmen Coloma, luego Decana de la Facultad; Susana Aragón artista educadora reconocida en E.E.U.U; Cecilia Eguiluz, actual subdirectora de Pukllasunchis, y Luzmila Mendívil, actualmente profesora principal del Departamento de Educación.

¿Se dieron más proyectos similares?

Después de la experiencia con High Scope, continuamos el proyecto con apoyo financiero de Canadá y de la Universidad de Winnipeg, en pueblos jóvenes de Tacna y Chiclayo. Trabajamos con un equipo local de jóvenes  muy entusiastas. Allí también empezamos la primera experiencia de un curso de educación a distancia. Primero como curso, pero después como diploma. Habíamos tenido la visita de profesores de la UNED a la Facultad de Educación, lo cual generó una fructífera conexión y nos ofrecieron programas de doctorados en esa modalidad. Junto con Alberto Patiño y el gran apoyo del equipo de la DAI, con Joaquín Guerrero y Kim Morla, fuimos organizando poco a poco la formación en los primeros programas que tuvimos en educación a distancia. Continuamos con el proyecto con Canadá y este nos ayudó a ir a Ayacucho a finales del año 90.

                                       

¿Cómo afrontaron esos años también marcados por el terrorismo?

Cuando recién empezábamos el programa de educación a distancia, había que hacer los materiales con las computadoras. En esa época, el terrorismo volaba las torres tres veces por semana y eso significaba que solo teníamos electricidad 2 días. Alberto  Patiño, quien manejaba la edición  de los materiales, se amanecía en la universidad para terminarlos, pues había que aprovechar cuando había luz. Así, continuamos con los proyectos y los cursos a distancia hasta que al final de la guerra con sendero nos fuimos a Ayacucho. Fue una extraordinaria  experiencia. Lo triste era que la gente estaba muy dolida, sobre todo los niños. Cuando llegábamos, ellos se escondían porque tenían miedo a cualquier extraño. Era terrible y tuvimos que asesorarnos con psicólogos.

¿La situación mejoró?

Trabajamos con las comunidades y los padres de familia. Ellos ayudaron mucho, creamos diversos materiales con objetos reciclables  y juntos también construimos y mejoramos sus locales. Recuerdo que al bajar del avión había dos filas de soldados y en el campo siempre teníamos algún rondero que nos cuidaba cuando trabajábamos en el campo. Esas cosas me dan una gran satisfacción porque a pesar de todo, las maestras aprendían bastante. Fue una experiencia muy rica y trabajó gente de muy alto nivel. Además de las mencionadas anteriormente, estuvieron más adelante: Alissa Valdivia, Rossana Portugal, Marisol Barrón, Patty  Hazdich, Miriam Ponce, Roxana del Valle, Teresa Belloso, entre otras/os.

También fue jefe del Departamento de Educación.

Yo he sido elegida jefe del Departamento de Educación dos veces. Lucho Palomino, psicólogo de San Marcos que conocí en la reforma, me dijo: “Te propongo hacer un foro virtual a nivel nacional. Es algo que no cuesta nada, pues se hace a través de las computadoras, con el Internet”. Así fue que hicimos el Primer Foro Virtual Nacional. Toda la publicidad del evento la enviábamos por correo y mucha gente se matriculó, fue un éxito. Cada uno escribía un artículo sobre el tema y las personas que se inscribían, comentaban. Es lo mismo que se hace ahora con un aplicativo, pero en esa época esto era una novedad. También había anécdotas como el hecho de que la profesora Adriana o el profesor Fidel Tubino nunca habían usado computadoras antes y eran alumnos o familiares los que les ayudaban con ello.

Y luego fue decana de la Facultad de Educación.

Cuando me eligieron decana yo no era doctora en esa época,  pues no me interesaban los títulos, sino la acción. Tampoco  había muchos doctores en la Facultad, pero era profesora principal y podía ser elegida. Yo venía con experiencia en educación a distancia y había sido parte del comité interuniversitario del consorcio de universidades (Universidad del Pacífico, Cayetano Heredia, Universidad de Lima y la PUCP). El rector nombró representantes del comité a Alberto y a mí. Entre las 4 universidades hicimos los primeros congresos y seminarios de educación a distancia en el Perú y trajimos a los mejores especialistas en ese momento,

Mientras tanto, los alumnos del pregrado disminuían. Frente a ello, el Dr. Marcial Rubio me dijo: “Elena, tienes que dar un golpe de timón porque no hay alumnos. Yo te aconsejo que  refuerces  los diplomas para profesores en servicio”. Seguí su consejo y así llegamos a 16 diplomas y levantamos nuevamente la Facultad. Buscábamos  los mejores especialistas, cada uno seleccionaba  su equipo y cuidábamos mucho la calidad. La educación a distancia bien hecha, requiere mucha dedicación y la Facultad de Educación ha sido pionera en toda la universidad, ni siquiera Ingeniería lo tenía tan avanzado como nosotros:  estábamos abriendo caminos.

¿Cuál cree que ha sido el momento más memorable en su carrera?

El más importante y de más satisfacción ha sido el proyecto con las poblaciones marginales y rurales, sobre todo en Ayacucho.  Las personas habían sufrido tanto y poder hacer algo por los niños, capacitar a los docentes, entregar materiales, mejorar sus programas y trabajar con las comunidades, era muy satisfactorio. Estoy convencida que la proyección social, hoy Responsabilidad Social Universitaria (RSU), es algo sumamente valioso para los estudiantes, les abre las perspectivas y los sensibiliza a trabajar para las poblaciones de bajos recursos y menores oportunidades. Ahora los premios condicionan un poco las cosas, antes lo hacíamos porque sentíamos que era una verdadera responsabilidad para con el prójimo. En este tema hay que recordar la parábola de los talentos: no es bueno guardarlos o, peor, usarlos para uno mismo.

Ahora, en cuanto a los cargos que he desempeñado, no estoy de acuerdo con los que piensan que tener un cargo es tener poder. Para mí, asumir un cargo es fundamentalmente para servir de la mejor manera posible a los demás. El cargo se desempeña para servir y si te eligen, tu obligación es ayudar porque estás en una posición en la que puedes hacerlo y debes hacer todo lo necesario también para que el organismo o institución se desarrolle lo mejor posible.  Eso es lo que más me gustó de mi vida y lo que más recuerdo con gratitud y alegría.

¿Qué representan para usted estas Palmas Magisteriales?

Las Palmas las considero como un regalo del Cielo, un reconocimiento de lo poco que he podido hacer, pero sobre todo a las personas autoridades y docentes con las que trabajé y me apoyaron tanto en la universidad como en el Ministerio, en las regiones o en los centros educativos: Luzmila Mendivil, Susana Aragón, Cecilia Eguiluz, Roxana del Valle, Marisol Barrón, Roxana Portugal, Ethel Ghersi, Teresa Belloso, Otilia Loayza, las profesoras de Ayacucho, entre muchas otras. El premio es para todas nosotras.

Es importante ayudar a los jóvenes, tan llenos de ideales e ilusiones, a que puedan seguirse superando y mejorando sus capacidades. Yo me siento feliz cuando exalumnas mías han logrado muchas cosas.

Actualmente también tiene un interés especial por la primera infancia.

Yo estoy muy preocupada por el primer ciclo de educación inicial que atiende a los niños de 0 a 3 años y por el cual el Perú fue pionero en la Reforma de los años 70. En ese momento existieron mentes lúcidas detrás como el Dr. Emilio Barrantes, el Dr. Augusto Salazar Bondy, el Dr. Walter Peñaloza, el padre Luna Victoria, el Dr. Leopoldo Chiappo, la Prof. Josefa Lora y muchos otros más. Nuestro país tuvo una visión muy avanzada al considerar que la educación debía ser desde el nacimiento. En ningún país latinoamericano hablaban de eso, ni siquiera en Europa. Eran las corrientes que venían de Estados Unidos, las que mostraban los efectos extraordinarios de la estimulación temprana en los niños. El Perú incluyó esas recomendaciones en la Constitución y en la ley, y hasta los años 80, todos los sectores tenían cuna para los hijos de sus empleados. En ese sentido, ahora es momento de luchar nuevamente por el primer ciclo. Las investigaciones que decían que en los primeros años de edad se desarrollan las capacidades, han sido corroboradas por las neurociencias desde fines del milenio pasado. Estas sostienen que en ese momento el cerebro se desarrolla y millones de neuronas se conectan por cada estimulo que el niño recibe, incluido el afecto. Entonces, si no se le da la nutrición adecuada, el estímulo necesario y sobre todo el afecto, las capacidades no se desarrollan. Ese es el gran problema que tenemos porque es un tema de potencial humano, desarrollo del país y hasta del desarrollo sostenible.

El problema que tenemos es que mientras el segundo ciclo está cubierto en casi el 90 %, el primero sólo alcanza aproximadamente un 11 %.  Yo creo que los niños de esa edad se desarrollan mejor en sus hogares con sus padres, pero hay que pensar en los millones de niños de madres urbanas que trabajan y no tienen dónde dejarlos y lo niños mueren por accidentes, violación o quemados cuando los dejan encerrados.  Ellos necesitan lugares seguros, donde sean acogidos con afecto, cuidados en todas sus necesidades y reciban la educación adecuada a su edad.

¿Cómo se relaciona esta preocupación con otros problemas actuales en el sector educación?

Hay muchas cosas que están mal. Hay que preocuparse por la Educación Secundaria que tiene muchos problemas, especialmente en el campo del desarrollo de una ciudadanía responsable; hay que preocuparse de que los niños aprendan a leer y escribir en Primaria; hay que preocuparse por la educación técnica y hay que preocuparse por mejores salarios para los profesores que lo merecen, entre otras cosas. Hay muchos desafíos en el sector educación. Siempre hablamos de Finlandia como el modelo, pero es un país con 6 millones de habitantes y nosotros tenemos 30. En Finlandia los profesores están tan bien pagados que los mejores alumnos del colegio quieren ser profesores. Acá los mejores se van a Derecho, alguna rama de Ingeniería o donde pueden ganar muy bien. Es toda una cadena de cosas que hay que mejorar, pero sobre todo hay que cuidar el desarrollo humano de las personas que queremos sean inteligentes, honestas y probas, con calidad humana.

¿Qué mensaje les daría a los jóvenes que quieren iniciarse en la educación?

A uno tiene que gustarle su trabajo para ser feliz y el profesor tiene que ser una persona alegre, que motive a sus alumnos. La educación es algo muy satisfactorio, pero hay que ejercerla por vocación. A la larga uno se siente orgulloso de lo que sus alumnas pueden lograr. Esa es la gran satisfacción que uno tiene, ver cuando te sobrepasan. Yo tengo alumnas que ya están en otros niveles, internacionales incluso, y me da satisfacción y orgullo por ellas. El mensaje es que sigan trabajando por la calidad de la educación, se preparen muy bien y se interesen por la Educación Inicial porque allí está la semilla de todo. Ahora, otra cosa que siempre les digo a los jóvenes es que, si se te presenta una oportunidad, agárrala en el acto porque no se vuelve a presentar y de eso depende tu vida. Si te gusta y está dentro de tus conocimientos, sigue adelante. Uno dice que decide su vida y, es verdad, hay una parte que decides, pero ¿quién te pone las oportunidades? Alguien o algo te las pone y eso hay que tomarlo  en el momento.

“A uno tiene que gustarle su trabajo para ser feliz y el profesor tiene que ser una persona alegre, que motive a sus alumnos”

 

¿Qué frase podría resumir su trabajo?

Cuando uno cumple su vocación, de alguna manera es feliz. La felicidad no es una cosa permanente, pero si hay algo que te alegra,  es cumplir realmente tu vocación y tu proyecto de vida.