11/06/2000

Educando para un mundo de semejantes y diferentes

Autor(es): Sime, Luis

Año: 2000

Publicado en: Revista Educación – PUCP Vol. 9 N° 17 pp. 27-49

Área académica: Formación y Desarrollo Profesional Docente

Contextualizar nuestras reflexiones es un punto de partida y una opción para razonar pedagógicamente. Pensar educativamente es problematizar sobre la formación de los seres humanos desde ciertas coordenadas históricas y no al margen de ellas. Nos resistimos a pensar lo educativo como si nada grave hubiera pasado bajo este cielo y a elaborar un discurso sin historia. Dialogar con la historia nos puede ayudar a no caer en ataduras con el pasado, ni vuelos ingenuos hacia un futuro que no está terminado, ni puede serlo, a pesar de todas las planificaciones estratégicas.

Morales (1998), nos alerta que la posibilidad de una teoría educativa coherente, dependerá de cómo ésta interprete y se relacione con los nuevos hechos culturales y sociales de final de siglo; pero qué hay de aquellos acontecimientos nada novedosos que han permanecido más o menos recurrentes antes y durante el siglo XX; qué hay de aquellos signos de intolerancia que han atentado hondamente contra la convivencia humana: el dogmatismo y el autoritarismo.

Además de la historia, necesitamos de aquello tan reclamado para la educación por Freire ( 1998) y Capella (1997): la utopía. Ella se compone de esperanzas capaces de movilizar las potencialidades más ricas de la existencia humana. Vivir con utopías nos puede impulsar a redescubrir sentidos en una educación que nos motive a aprender a vivir junto a otros y anticipar proyectos de convivencia más humanos.

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